Se considera que un elemento químico es esencial para el organismo cuando su disponibilidad por abajo de cierto límite, invariablemente provoca disfunción, enfermedad e inclusive la muerte; o bien, cuando ese elemento forma parte de una estructura orgánica. Se sabe que aproximadamente una tercera parte de los 92 elementos naturales son esenciales para todos los sistemas vivos. Los más abundantes son el hidrógeno, el oxígeno, el carbono y el nitrógeno. Estos cuatro bioelementos tienen números atómicos menores a nueve y representan alrededor de 99% del total de átomos presentes en los seres vivos. Por su abundancia relativa y sus requerimientos dietéticos, los bioelementos restantes se agrupan en macrominerales, elementos traza y elementos ultratraza o micronutrimentos. Los requerimientos de los elementos ultratraza se ubican generalmente en el intervalo de los µg/día y, como su nombre lo indica, son elementos que por su exigua concentración apenas contribuyen con menos de 0.01% del total de átomos en los sistemas vivos. El bioelemento ultratraza más pesado y rico en electrones es el yodo (I127), un halógeno que pertenece al grupo VILA de la tabla periódica. Solamente tres de los halógenos naturales son esenciales para la vida: el cloro (Cl2), el bromo (Br2), y el yodo (I2); el flúor (F2) se considera un elemento benéfico, pero no esencial. La abundancia relativa de los halógenos naturales en el agua de mar y en la litosfera, contrasta con la notable capacidad del hombre y los cordados en general, así como la de algunas algas del orden de las laminariales, para acumular y concentrar Br2 e I2–13–15 El caso del yodo es especialmente singular puesto que su abundancia en uno y otro medio es 1.000,000 veces menor que la del resto de los halógenos. Sin embargo, y no obstante su escasez, en términos evolutivos el yodo fue seleccionado como la materia prima esencial para la síntesis de HT.
La captura de halógenos y su incorporación a moléculas biológicas (organificación) es una función omnipresente en la biosfera, y a la fecha se conocen más de 3,800 organohalógenos naturales.16 Sin embargo, para el caso específico del yodo, es importante enfatizar que solamente los vertebrados poseen un órgano especializado en capturar activamente este halógeno y organificarlo en los residuos de tirosina contenidos en la tiroglobulina (Tg), paso crítico en la síntesis de yodotironinas. En todos los vertebrados estudiados a la fecha, el halógeno ingresa al organismo a través de los nutrimentos y el agua, y lo hace en la forma de yodo (I2); o bien, como el ion yoduro (I). El I – es rápidamente absorbido en el tracto gastrointestinal y distribuido a los líquidos extracelulares, de donde es ávidamente captado por la glándula tiroides y/o depurado por el riñon.
Disgenesia tiroidea (DisT)
A la fecha, se considera que entre 80–90% de los casos de HNe son consecuencia de alteraciones en la organogénesis de la glándula tiroides. Estas alteraciones son debidas a mutaciones en los genes involucrados en la diferenciación de los tirocitos; sin embargo, en muchos casos la alteración genética causal no se conoce. Las DisT son primordialmente esporádicas, aunque se han catalogado como una alteración familiar en aproximadamente 2% de los pacientes. Por razones desconocidas, la frecuencia de estas alteraciones es sensiblemente mayor en mujeres que en hombres (2–3:1). Las DisT pueden subdividirse en tres grandes grupos:
a) Tiroides ectópica, usualmente pequeña y sublingual (30–45%).
b) Agenesia (35–40%).
c) Hipoplasia (5% de los casos).
Los fenotipos observados en las DisT indican que el mecanismo patogénico puede explicarse por alteraciones en la organogénesis. Hasta el momento se han identificado tres factores de transcripción importantes relacionados con la DisT, los cuales se expresan desde etapas tempranas de la morfogénesis hasta la etapa adulta:
1. TTF1 (también conocido como NKX2.1). Este factor de transcripción se expresa en tiroides, pulmón y cerebro anterior; en modelos animales la ausencia de TTF–1 causa agenesia tiroidea y alteraciones cerebrales y pulmonares. En la glándula tiroides adulta este factor controla la síntesis basal de la Tg, TPO, NIS y el receptor a TSH. A la fecha se han descrito ocho mutaciones distintas en humanos para este factor.
2. TTF2 (también conocido como FOXE1, FKHL15 y TITF2). Las mutaciones homocigotas de TTF–2 en animales producen la muerte dentro de las primeras 48 horas de vida. Las mutaciones en humanos se relacionan con agenesia tiroidea, paladar hendido y atresia de las coanas (síndrome de Bamforth–Lazarus). En la glándula adulta este factor interviene en la expresión de Tg y TPO. A la fecha se han descrito dos mutaciones diferentes en humanos.
3. PAX8. Las mutaciones en este factor se relacionan con ectopia o hipoplasia tiroidea. Por el momento se desconoce porqué una mutación heterocigota es suficiente para causar hipotiroidismo en humanos, mientras que en ratones este tipo de mutación no presenta fenotipo anormal. Se ha propuesto la penetrancia incompleta como mecanismo para explicar el heteromorfismo de estos fenotipos; aunque no puede descartarse una modulación por genes modificadores. En el adulto este factor controla la expresión de Tg, NIS y TPO en respuesta a la estimulación por TSH. Tomando en cuenta el tipo de transmisión y la tasa de frecuencia de mutaciones reportadas a la fecha, la probabilidad de que los pacientes con alteraciones en el gen de PAX8 transmitan la enfermedad al 50% de sus hijos es de 0.01. Se han reportado a la fecha ocho diferentes mutaciones de PAX8 en humanos.
Bibliográfica http://www.tiroides.net/revista/actualizacion.htm
http://www.diabetes-endo.org/files/Vazquez07-hipotiroidismo-no%20pict.pdf
Bibliográfica http://www.tiroides.net/revista/actualizacion.htm
http://www.diabetes-endo.org/files/Vazquez07-hipotiroidismo-no%20pict.pdf